Últimamente hay una palabra que suena mucho en mi cabeza. Caos.
No me refiero al desorden típico en la vida de cualquiera, sino a una desubicación.
¿Qué está ocurriendo exactamente y qué puedo hacer yo?
Todo esto viene a raíz de los últimos acontecimientos que han sucedido en el mundo. En primer lugar, está la noticia de los ataques racistas por parte de policías norteamericanos (aún no se ha aclarado bien el asunto). Las imágenes son desgarradoras, os lo aseguro. Ayer de madrugada prácticamente un individuo con un camión atenta contra una multitud en Niza que festejaba el día de la Bastilla (orgullo nacional). Escalofriante.
Y ahora, entre toda esta escalada de violencia, nos encontramos ante la noticia de que los militares (así he podido leer) se han hecho con el mando del gobierno temporalmente, provocando un golpe de Estado en Turquía. No conozco la situación política previa existente en el país, pero prometo leer al respecto.
Como podéis ver, la violencia es desmedida, contagiosa, desgarradora, pero sobre todo, no entiende de culpables o inocentes (¿acaso los hay?) Nos inunda y acecha esperando su momento para desatarse de todas las formas posibles.
Caos y sufrimiento. Son tiempos difíciles, sobre todo para no perder la esperanza en los seres humanos.
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