Frustración

Frustración.

Imaginaos que acabáis de ser madre o padre de un bebé. 9 meses esperando este momento, o quizá más. De pronto, el médico te entrega a un ser de no más de 20 o 25 cms y unos tres kilos de peso. "Así que aquí estás" dices mientras no puedes contener las lágrimas de emoción.

Intentas rendir más en el trabajo, pero tu jefe te cambia el turno a jornada completa. "Son tiempos difíciles, muchacho" - dice. Llega final de mes, y esa mísera paga ya no hay que repartirla entre 2, sino 3. Pero ser padre significa sacrificar, así que lo haces sin pestañear.

Un día recibes una llamada del curro. Ha habido un expediente de regulación y estas en el grupo de los que se van a la calle. "Mucha suerte, eres joven y encontrarás algo, ya lo verás" - replica tu ex-jefe poniendo voz melodramática - "¡Qué sabrás tú!" - piensas mientras aprietas el teléfono con frustrada ira.

Los del banco presionan con los plazos de la hipoteca. Aquí empiezan las decisiones. O llevar todo al día o comer. Y claro, somos seres humanos. Frustración.

Tiempo de elecciones. Intentas leer los programas electorales a ver quién miente menos (o mejor, y no se nota), buscando a alguien de confianza y que pueda mejorar tu situación.

Día de elecciones. Con ilusión das tu voto a ese que promete una reforma laboral y que creará no-se-cuántos puestos de trabajo en el primer año de candidatura. En cuanto se enfunda el traje de presidente, entra en posesión de los bancos. Y tú, un frustrado peón desempleado, no levantes mucho la voz que sino serás la comidilla de los vecinos.

La situación se vuelve cada más y más insoportable. ¿Derecho a una vivienda digna? Ojalá. Yo quiero el derecho a poder dar de comer a mi hijo, a darle un futuro y una esperanza.

Agobiante, ¿verdad? Pues mira a tu alrededor, no hace falta verlo en las noticias, podrías ser tú incluso.

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[Es un nuevo tipo de entrada, espero que os haya gustado]

Samuel Beguiristain
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